ECOMUSEO MINERO DE SAMUÑO HISTORIA VIVA DE ASTURIAS

Plan ideal y didáctico con niños, en familia, amigos
Brumas matutinas inundan el valle de Samuño. En plenas cuencas mineras asturianas, las voces del carbón se mantienen vivas gracias al Ecomuseo Minero Valle de Samuño, nada como pasar un día allí.

El traqueteo del tren parte puntual de El Cadaviu. Recorre de manera panorámica parte del Paisaje Protegido de las cuencas mineras. La humedad del entorno empapa los cristales de nuestro pequeño naranjito mientras atravesamos los bosques de laureles y saúcos.
Mana el agua entre las rocas, recordando que Samuño sigue siendo una tierra viva. Mientras que en superficie nos rodeamos de brezales y avellanos, bajo tierra encontramos el preciado oro negro.

LA MINA ECOMUSEO DE SAMUÑO
La hulla asturiana, uno de los mejores tipos de carbones conocidos para obtener gas de luz, supuso una auténtica revolución en este extremo suroriental de Asturias. Un mineral que, a finales del siglo XIX y gran parte del siglo XX, industrializó un valle que, hasta entonces, vivía de la ganadería y la agricultura.
Las vetas de hulla, perpendiculares al valle, trajeron bonanza, pero también accidentes y la lucha obrera. Una retrospectiva que vamos conociendo a medida que entramos en la auténtica bocamina.
Sobrecoge la penumbra. El sonido ensordecedor de la mina, recreado para la ocasión, congela la respiración y nos pone en la piel de aquellos mineros que luchaban, día a día, por su supervivencia. Un tajo que se mantiene a una temperatura constante, de unos dieciséis grados, y que tiene una profundidad de hasta 430 metros. Nosotros accedemos a la sexta planta, a unos 30 metros.

Tras unas breves explicaciones por parte de nuestra guía, entramos al ascensor que nos subirá a la superficie. Aunque hoy en día es una instalación moderna, hace no tanto era la auténtica jaula minera. Ejemplo de la solidaridad y compañerismo entre mineros, era habitual que estos viajasen abrazados unos a otros, evitando que alguno de ellos cayese por el lóbrego agujero, incierto destino el de las minas asturianas.
Atendiendo a las señales que se recibían desde el cuadro bajo tierra, los mineros subían o descendían a una velocidad de 4 metros por segundo. En el caso de que fuese material, la velocidad ascendía a los 10 metros por segundo. Sin teléfono, las señales de comunicación eran a través de golpes de campana que se recrean durante la visita.
El día a día era un maremágnum de suciedad, ruidos y arduo trabajo físico. En la superficie, un escenario de película nos sorprende. Nuestras pupilas se acostumbran a la belleza que rodea a la explotación. Nos espera un hito arquitectónico de 1930, con cerámica de Talavera de la Reina, como es la sala de máquinas. Sus pináculos modernistas y sus láminas de verdoso zinc son emblema de la Real Compañía Asturiana de Minas.
En su interior, encontramos una sala en perfecto estado de conservación. Separado por una garita, el personal (afín a la empresa) contaba con la responsabilidad de introducir a sus compañeros en el socavón. Un despiste podría resultar fatal. Desde la vecina escuela se podría presenciar cualquier desenlace por lo que, si se oían las sirenas, el profesor tenía como deber bajar las persianas y rezar.

Sobre nosotros, el castillete de 1928 se ha restaurado manteniendo la esencia de antaño. Con un entramado que nos recuerda a la torre Eiffel, no resulta difícil creer nos encontramos ante un plató natural donde se han rodado varias series y películas.
Junto a la lampistería se encontraban las oficinas. Los mineros tenían prohibida la entrada, aunque en un tendejón anexo, se hacían los pagos cada viernes. Era necesaria la presencia de la Guardia Civil para evitar altercados, figura que ya no se encuentra en las explotaciones excepto si se hace uso de explosivos.
Nuestra visita termina, bajando de nuevo al tajo. Sensaciones encontradas de empoderamiento social, lucha obrera, feminismo industrial ahogado hasta el siglo XX y un sinfín de anécdotas, chascarrillos y compadreo que se quedan mudas en el interior del socavón.
Una visita necesaria para comprender una parte de la historia viva de Asturias y que, de una manera didáctica y amena, podemos visitar.
Plan ideal para realizar con niños, en familia o amigos.
¿CÓMO LLEGAR AL ECOMUSEO DE SAMUÑO?

- La recepción del Ecomuseo de Samuño se encuentra en el Cadaviu, a escasa distancia de la localidad de Ciaño, en la cuenca minera del Nalón.
- Cuenta con un aparcamiento propio
ENTRADAS:
- Visita guiada al Ecomuseo Minero: (reserva tus entradas aquí)
- Visita Pozo San Luis: (reserva aquí tu entrada)
Para grupos de más de 20 pax y colegios consulta este enlace
Colaboradores del artículo: www.mochiladecromo.com
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